Hay veces en la vida en las que dan ganas de tirar el dado y mover ficha sin pensar en las consecuencias. Otras, ni siquiera tienes ganas de agitar el cubilete.
Como cada fin de año, me enfrento a este período del año tembloroso y es que, para los que no lo sabéis, últimamente no me llevo bien con la Navidad. Los tres últimos años han dejado pruebas de ello en mi mente, así que para mí, al igual que otras cosas, estos días han perdido su significado de unión, amistad y familia para limitarse a ser los últimos días del año. Aún así, debo decir que me sigue atemorizando la idea de que llegue la Nochevieja.
El otro día leí algo sobre "las personas globo": aguantan las adversidades y se van hinchando, superan las adversidades y las olvidan (sumamos un poco más de aire dentro), dejan de pensar en lo que les sucede y dejan de hacer cábalas pensando en conspiraciones inventadas pero llega un momento en que cuando les pasa algo malo vuelven a recaer en la misma mierda de antes (un poco más de aire) y un día, con la mínima tontería, dejan escaparlo todo; no es algo violento, simplemente se van deshinchando hasta ni siquiera hacer sombra sobre el suelo, se dejan llevar por el viento y acaban tirados en cualquier cuneta esperando a volverse a hinchar.
Como cada fin de año, me enfrento a este período del año tembloroso y es que, para los que no lo sabéis, últimamente no me llevo bien con la Navidad. Los tres últimos años han dejado pruebas de ello en mi mente, así que para mí, al igual que otras cosas, estos días han perdido su significado de unión, amistad y familia para limitarse a ser los últimos días del año. Aún así, debo decir que me sigue atemorizando la idea de que llegue la Nochevieja.
El otro día leí algo sobre "las personas globo": aguantan las adversidades y se van hinchando, superan las adversidades y las olvidan (sumamos un poco más de aire dentro), dejan de pensar en lo que les sucede y dejan de hacer cábalas pensando en conspiraciones inventadas pero llega un momento en que cuando les pasa algo malo vuelven a recaer en la misma mierda de antes (un poco más de aire) y un día, con la mínima tontería, dejan escaparlo todo; no es algo violento, simplemente se van deshinchando hasta ni siquiera hacer sombra sobre el suelo, se dejan llevar por el viento y acaban tirados en cualquier cuneta esperando a volverse a hinchar.
Curioso, cuanto menos.
(Ya sabéis cuáles son mis fuentes, una cabeza que no para de pensar y un corazón incomprendido que no para de apostar en el Casino de la vida; un viejo ludópata que nunca entenderá que no necesita ganar más de lo que tiene, solo saber utilizarlo).
No hace falta que mande un mensaje en una botella como si fuera un naúfrago. Gracias a Dios, estamos en el siglo XXI ... ¿Ha servido de algo?





